Desarrollo de la visión en el niño

Desarrollo de la visión en el niño

07/09/2017

La visión es la percepción e interpretación que realiza el cerebro de nuestro entorno, construida a partir de la información que le envían ambos ojos. El proceso visual se inicia cuando las ondas electromagnéticas que emite un objeto son transformadas a nivel de la retina en impulsos nerviosos y estos son conducidos a través del nervio óptico y las vías ópticas al cerebro, donde finalmente van a ser analizados y correlacionados para dar nombre, sentido y ubicación a lo recibido por ambos ojos.

El ser humano al nacer no tiene su sistema visual plenamente desarrollado. No nacemos “viendo” sino con la capacidad de “aprender a ver”. A pesar de contar con las estructuras oculares completas, el sistema visual del recién nacido es inmaduro y se irá desarrollando a medida que la corteza cerebral reciba estímulos apropiados y más o menos simétricos de ambos ojos durante los primeros años de vida. La maduración visual es un proceso dinámico que sufre modificaciones anatómicas y fisiológicas después del nacimiento y se perfecciona sobre la base de la experiencia visual que se adquiera durante los primeros años de vida.

En los primeros meses, que son de especial importancia, se pueden distinguir diferentes etapas:

  • Al nacer el bebé tiene una visión limitada a 20-30 cm, solo percibe las sensaciones de claro y oscuro, la movilidad del ojo es muy reducida y la agudeza visual también.

Las caras humanas atraen enormemente su atención, en especial la de sus padres, siendo los límites del pelo los que ayudan más a su reconocimiento.

  • Al mes, el niño logra pasar de la percepción de contraste de luz-oscuridad a la de algunos colores como el rojo y el verde y se inicia el reflejo de acomodación (enfoque).
  • A los 2-3 meses ya sonríe y empieza a seguir con sus ojos objetos en movimiento, aunque lo hace moviendo también la cabeza.
  • A partir de los 3 meses se inicia la visión estereoscópica o visión de profundidad o relieve y comienza a manifestar gran sensibilidad por los objetos brillantes.
  • A los 4 meses el niño percibe más variedad de colores, empieza a enfocar mejor y reconoce cada vez más rostros.

Es en este momento cuando aprende a mover sus ojos con independencia de la cabeza y se va desarrollando la coordinación de los movimientos oculares.

  • A los 6 meses el bebé puede fusionar las dos imágenes retinianas de un objeto obteniendo visión binocular. Gracias al dominio progresivo de la binocularidad percibe las 3 dimensiones y puede calcular la distancia a la que se encuentran las imágenes y los objetos. A partir de este momento ya ha aprendido a utilizar ambos ojos de forma coordinada y deja de “bizquear”. Si los padres observan que a una edad mayor de 6 meses su bebé continúa cruzando los ojos deberán acudir al oftalmólogo especialista.
  • Al año el cálculo de distancias es eficaz y ha mejorado considerablemente la coordinación entre los ojos y las manos y el cuerpo, lo que le permite agarrar y lanzar objetos con cierta eficacia. A esta edad también se han desarrollado ciertas destrezas perceptivas que le permiten comprender su mundo espacial, como la memoria y discriminación visual.
  • El desarrollo del campo visual llega a tener las dimensiones del campo visual del adulto a final del primer año.

Si ponemos cifras a lo que ve el bebé, tendríamos que, aproximadamente, su capacidad visual es de un 5% respecto a la del adulto. A los 2-4 meses del 20%, al año de un 30-40% y de un 50% a los 3 años. No será hasta los 8-9 años aproximadamente cuando la visión se desarrolle por completo, siendo los 4 primeros los de mayor progresión. En este periodo el sistema es muy vulnerable de forma que la falta de aporte de estímulos visuales puede tener consecuencias nefastas. Cualquier causa que comporte una mala visión de uno o ambos ojos (como un defecto refractivo no corregido, estrabismo o una catarata) durante la infancia puede provocar una falta de desarrollo de la función visual derivando en un problema de ambliopía u “ojo vago”. La posibilidad de recuperación del ojo vago es alta si se diagnostica y trata antes de los 4 años, edad a partir de la cual disminuye progresivamente, siendo prácticamente nula a partir de los 9-10 años. Lo que no aprendemos a ver en la infancia no se va a recuperar posteriormente en la edad adulta. No actuar a tiempo puede condenar al niño a tener un ojo vago de por vida, por lo que es vital el diagnóstico precoz. Es por ello que todos los niños deberían realizar una exploración oftalmológica completa por parte del especialista antes de los 2-3 años de edad, incluso a pesar de no presentar síntomas. Nunca es demasiado pronto para una revisión, mientras que en ocasiones sí puede ser demasiado tarde.

Dra. Idoia Rodríguez Maiztegui

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