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Preguntas frecuentes

04/05/2021

El 80% de la información que recibimos de nuestro entorno es a través de la visión. Si el cuidado de los ojos es crucial a lo largo de la vida, en la infancia cobra aún más importancia. Lo que no aprendemos a ver de niños, no se va a recuperar posteriormente en la edad adulta; por ello, las revisiones oculares en la edad pediátrica juegan un papel primordial para garantizar la salud ocular de los más pequeños de la casa.

 

1. ¿A qué edad es conveniente realizar la primera revisión ocular?

El desarrollo de la visión requiere de un largo aprendizaje que se inicia en el nacimiento y culmina a los 8-9 años. Cualquier causa que provoque una mala visión de uno o ambos ojos durante esta etapa puede desembocar en un problema de ojo vago. Es por ello que resulta fundamental realizar una exploración oftalmológica completa, por parte del especialista, a los 2-3 años y a pesar de no presentar síntomas. Ningún niño es demasiado pequeño para hacer una revisión con el oftalmólogo infantil.

2. ¿Cómo podemos darnos cuenta de que nuestro hijo/a presenta un problema de visión?

Entre las principales manifestaciones, destacan la visión borrosa, parpadeo constante, movimientos rítmicos de los ojos, cefalea y pesadez de párpados, picor y enrojecimiento ocular frecuente, que el niño se acerque mucho a los objetos o que sea incapaz de leer la pizarra, que incline la cabeza para fijar la vista o que tenga tendencia a desviar o guiñar un ojo. Todos ellos constituyen signos y síntomas que deben alertar tanto a padres como a educadores y que deben ser motivo de acudir a la consulta del oftalmólogo.

3. ¿Es normal que mi bebé desvíe los ojos?

Los recién nacidos pueden desviar uno o ambos ojos durante los primeros meses de vida sin que exista un problema real. Es lo que se conoce como estrabismo funcional y es debido a que la coordinación de los movimientos oculares no está desarrollada por completo. Cumplidos los 4-6 meses, el bebé puede fusionar las dos imágenes de un objeto obteniendo visión binocular, es decir visión en 3D. A partir de este momento ya ha aprendido a utilizar ambos ojos de forma coordinada y deja de “bizquear”. Si los padres observan que pasados los 4-6 meses su bebé continúa desviando los ojos deberán acudir al especialista para descartar la presencia de patología.

4. Si alguien en la familia ha tenido estrabismo, ¿mi hijo/a tiene más probabilidades de tenerlo?

Existen muchos tipos de estrabismo y aunque en la mayoría de los casos se desconoce la causa, sí que existen una serie de factores genéticos y ambientales (bajo peso al nacer, prematuridad, alcohol y tabaco durante el embarazo, defectos ópticos…) que estarían implicados en su desarrollo. Sabemos que el factor hereditario juega un papel importante. Se estima que un niño con antecedentes familiares de estrabismo tiene cuatro veces más riesgo de desarrollarlo.

5. Mi hijo no va bien en el colegio. ¿Puede ser debido a un problema visual?

Disponer de una correcta salud visual constituye el primer eslabón en la cadena de aprendizaje. Además, en la actualidad, a los libros de texto tradicionales se añade el uso de pantallas y otros dispositivos digitales, con lo que la exigencia visual es aún mayor. Durante la etapa escolar es frecuente la aparición de ametropías (miopía, hipermetropía, astigmatismo), que a su vez pueden derivar en otros problemas, como el estrabismo y el “ojo vago”. Los problemas visuales no corregidos son una causa frecuente de falta de atención en clase, retraso en la lectoescritura y descenso en el rendimiento escolar. Muchos alumnos son tachados de malos estudiantes cuando en realidad esconden un defecto visual no diagnosticado.

Dra. Idoia Rodríguez Maiztegui

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