
Esta conocida frase, que mi padre instituyó como lema al inaugurar el Centro en 1941, sigue siendo la norma de nuestra conducta profesional, lo que unido a un espíritu de superación constante en el aspecto científico nos permite proporcionar a los pacientes el tratamiento más adecuado en cada caso particular, junto con la mejor atención personal.
Joaquín Barraquer
Catedrático de Cirugía Ocular


