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22/06/2026
El glaucoma es una de las principales causas de pérdida irreversible de visión en el mundo. A menudo se relaciona con una tensión ocular elevada, pero esa asociación no siempre se cumple. En algunas personas, el nervio óptico puede deteriorarse incluso cuando la presión intraocular (PIO) se mantiene dentro de los valores considerados normales.
Por eso, recibir este diagnóstico puede generar desconcierto: si la presión “está bien”, ¿por qué aparece el glaucoma? La clave es entender que la presión es un factor importante, pero no el único, y que existen otros elementos (como la sensibilidad del nervio óptico o factores vasculares) que pueden influir y que requieren un estudio detallado.
El glaucoma es una enfermedad neurodegenerativa que afecta al nervio óptico, la estructura que transmite la información visual desde el ojo hasta el cerebro.
Podríamos compararlo con un cable eléctrico: si se deteriora, la señal deja de transmitirse correctamente. En el glaucoma, ese “cable” se va dañando de manera progresiva, lo que provoca una pérdida lenta del campo visual.
No. Aunque la PIO elevada es el principal factor de riesgo, no es el único.
Existe una forma llamada glaucoma de tensión normal, en la que el daño aparece con valores de presión considerados normales (habitualmente entre 10 y 21 mmHg).
El glaucoma normotensivo o de tensión normal es una variante del glaucoma crónico en la que:
Esto ocurre porque, en algunos pacientes, el nervio óptico es más vulnerable y se puede dañar con presiones que en otras personas no causarían problemas.
En el glaucoma de tensión normal suelen intervenir factores que van más allá de la presión. Los más relevantes se relacionan con la circulación (perfusión) del nervio óptico y con la susceptibilidad individual del propio nervio.
Se han identificado varios factores que pueden explicar este fenómeno:
Alteraciones vasculares: Disminuyen el flujo sanguíneo al nervio óptico
Hipotensión arterial nocturna: Reduce la perfusión del nervio durante el sueño
Migrañas o fenómeno de Raynaud: Asociados a disfunción vascular.
Predisposición genética: Mayor fragilidad estructural del nervio.
El nervio óptico, en estos pacientes, es más sensible incluso a presiones consideradas normales.
Aquí es donde entra en juego la importancia de un diagnóstico especializado y completo.
En Clínica Barraquer no nos basamos únicamente en la presión ocular. El estudio incluye:
El diagnóstico precoz es fundamental, ya que el daño es irreversible, pero sí podemos frenar su progresión.
Esta es otra duda habitual. Aunque la presión esté dentro del rango “normal”, reducirla aún más puede disminuir el estrés mecánico sobre el nervio óptico.
Es como si un suelo ya estuviera agrietado: aunque el peso sea “aceptable”, reducir la carga ayuda a evitar que la grieta avance.
El tratamiento puede incluir:
En Barraquer valoramos cada caso de forma personalizada para determinar el objetivo de presión ideal según el paciente.
Existen perfiles en los que debemos estar especialmente atentos:
Mayores de 60 años: Mayor fragilidad del nervio óptico.
Antecedentes familiares: Componente genético importante.
Personas con migraña: Asociación vascular.
Pacientes con presión arterial baja: Posible menor perfusión ocular.
En estos pacientes, incluso con presión ocular normal, es recomendable realizar revisiones periódicas.
El glaucoma es silencioso. No duele ni avisa. Cuando aparecen síntomas evidentes, el daño suele estar avanzado. Por eso insistimos en la revisión oftalmológica completa, especialmente si existen factores de riesgo.
En resumen, es posible tener glaucoma con la tensión ocular normal, porque la presión es un factor importante, pero no el único: la sensibilidad del nervio óptico, la circulación sanguínea o ciertos factores individuales pueden hacer que se produzca daño incluso con valores “correctos”. Por eso, la clave está en un diagnóstico completo y un seguimiento especializado que permita detectar cambios a tiempo y frenar la progresión.
Dra. Marta Mármol, oftalmóloga del Centro de Oftalmología Barraquer