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12/12/2019

Ricardo vino por primera vez al Centro de Oftalmología Barraquer en 1964. En aquel momento vivía fuera de España. Venia de Andorra, donde estaba trabajando como director financiero. Su juventud –tenía 25 años– y su situación personal hicieron que acudiera al que él consideraba el mejor centro de oftalmología.

Tenía molestias en el ojo derecho: al parecer percibía una sombra que no le permitía ver bien, un problema menor que se solucionó con el tiempo. Tras aquella visita, poco imaginaba Ricardo que 55 años después volvería a ser atendido y operado en Barraquer.

Tras su primera visita, aquel joven se casó, tuvo una familia y las ganas de prosperar junto a los suyos le llevaron lejos de su tierra natal. Ricardo y su familia vivieron en Florencia, Nueva York, México, Miami y Las Vegas.

Durante esos años tuvo algún percance ocular y se visitó con oftalmólogos que se referían a Barraquer como una referencia mundial cuando Ricardo comentaba que era de Barcelona.

Después de 40 años volvió a la ciudad condal y de allí se mudó a Sant Carles de la Ràpita, localidad situada en el Parque Natural del Delta del Ebro, en Tarragona.

Cuando volvió a sentir molestias en sus ojos, el médico que le visitó le anunció que su problema no tenía remedio. Fue entonces cuando recordó su primera visita en Barraquer. Así fue como volvió para encontrar una solución.Según afirma él mismo: 

“Este centro es el mejor lugar del mundo para curarse los problemas de visión, ¡hacen milagros!”.

Cuando le preguntamos por los cambios que ha visto después de todos estos años, nos explica que en lo único en lo que el Centro ha cambiado es que los aparatos ahora son más sofisticados, que la tecnología es diferente y que todo se escribe en los ordenadores, pero que el trato al paciente sigue siendo excepcional.

Los médicos, el doctor Abengoechea, la doctora Canut y el doctor Sanjuán, han seguido su caso y le han operado con éxito. Ricardo ha mejorado mucho la visión, dice ver “miles de veces mejor que antes de ser operado”, lo cual ha mejorado su autonomía.

Nos cuenta que el trato con los oftalmólogos ha sido excelente, no solo a nivel médico sino también a nivel humano, aclarándole muy bien los pasos a seguir en todo momento hasta finalizar el tratamiento.

Y también recuerda, con mucho agradecimiento, a las secretarias médicas que le acompañaron en las visitas con los doctores, al médico de medicina interna, el doctor Rey, que le visitó antes de la operación, a las enfermeras que le atendieron mientras estuvo ingresado y le ayudaron cuando las vendas no le permitían ver, a los optometristas que le graduaron sus nuevas gafas, a los recepcionistas y a los administrativos que le guiaron mientras estuvo en el Centro y al equipo de la Fundación, que le facilitó la posibilidad de beneficiarse de sus ayudas y adquirir unas nuevas lentes graduadas, gracias al acuerdo firmado con General Óptica.

Afirma categóricamente que solo se le ocurren palabras positivas para todos y destaca por encima de todo su “nivel de excelencia”.

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