Catarata congénita. Pronóstico y tratamiento

Catarata congénita. Pronóstico y tratamiento

20/09/2018

El cristalino es una lente que junto con la córnea forma parte del sistema óptico del ojo. La finalidad de dicho sistema es enfocar las imágenes en la retina e iniciar así el proceso de la visión. Una de las propiedades fundamentales del cristalino es su transparencia.

La pérdida de transparencia del cristalino, por una opacidad parcial o total, se denomina catarata. Las cataratas más frecuentes son aquellas que se producen con la edad por un proceso degenerativo del cristalino, aunque también pueden estar presentes en los primeros meses de vida o incluso ya desde en el nacimiento. Son las denominada cataratas congénitas. La catarata congénita representa una de las causas más importantes de deterioro visual en la infancia. Aun hoy en día, constituyen un reto significativo para el oftalmólogo ya que la dificultad de su tratamiento reside no solo en la propia cirugía, sino también, en la rehabilitación de la visión que ha sido limitada en pleno desarrollo.

La incidencia de la catarata infantil se ha estimado entre 1 a 3 de cada 10.000 niños nacidos en países industrializados, llegando hasta 15 de cada 10.000 niños nacidos en países en desarrollo. Las cataratas son la causa más frecuente de ceguera tratable en la infancia y podríamos hacer una estimación de 200.000 niños ciegos por catarata en el mundo. Las cataratas congénitas pueden ser bilaterales o unilaterales, teniendo estas últimas una rehabilitación más difícil debido a que el sistema visual prioriza el desarrollo de la visión del ojo que no tiene ningún problema frente al ojo que ha sufrido una deprivación temporal. El ojo con catarata congénita, una vez operado, debe seguir un exhaustivo régimen de rehabilitación para evitar la ambliopía, lo que conocemos comúnmente como “ojo vago”.

Causas

Una tercera parte de las mismas son de origen hereditario o familiar mientras que aproximadamente en el 50% de los casos no se puede determinar la causa. El resto son debidas a otras causas: Infecciones intrauterinas, como la rubeola, enfermedades metabólicas, algunos desórdenes cromosómicos, otras alteraciones oculares congénitas etc.

Síntomas

La consecuencia más importante de las cataratas en general es la disminución de la agudeza visual. Mientras que en los adultos es el propio paciente que se da cuenta de su problema, en los niños pequeños, por el contrario, las cataratas pueden pasar desapercibidas, sobre todo si son unilaterales ya que el niño al ver con el otro ojo puede no expresar ninguna sintomatología, lo cual provoca un retraso en el diagnóstico y un mayor riesgo de ambliopía. Los síntomas más frecuentes que nos pueden hacer sospechar la presencia de cataratas congénitas son: la leucocoria (reflejo blanco de la pupila), nistagmus (movimientos rítmicos oscilantes de los ojos que denotan una baja agudeza visual), estrabismo (desviación de los ojos) y fotofobia (molestia anormal a la luz). Estos síntomas alertaran a los padres y/o al pediatra que remitirá al niño al oftalmólogo para que realice un diagnóstico adecuado y eventual tratamiento.

Cirugía y rehabilitación

El pronóstico en cuanto a la recuperación de la agudeza visual dependerá del grado de catarata, de la precocidad del tratamiento quirúrgico y de la rehabilitación postoperatoria. El tratamiento de la catarata congénita es quirúrgico y consiste en la extracción de la catarata y el implante de una lente intraocular que recuperará la transparencia del sistema óptico ocular. Esta cirugía plantea una serie de dificultades añadidas respecto a la cirugía del adulto debido a las características del ojo en la infancia y también en cuanto a la elección de la lente intraocular a implantar ya que se trata de un ojo en fase de crecimiento cuya refracción irá cambiando con el tiempo. Tan importante como el tratamiento quirúrgico es la rehabilitación postoperatoria que consistirá en la adecuada corrección con gafas o lentes de contacto de una posible ametropía residual, así como el tratamiento de la ambliopía para la recuperación de la agudeza visual.

Dr. Andrés Picó

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