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¿En qué consiste el tratamiento?

Mediante la cirugía filtrante de glaucoma (trabeculectomía, o bien esclerectomía profunda no perforante), o bien a través de la implantación de dispositivos valvulares, se pretende favorecer el drenaje del humor acuoso y, por tanto, controlar la presión intraocular, estabilizándola durante las 24 horas del día y evitando fluctuaciones.

Las llamamos técnicas filtrantes porque precisamente lo que hacen es ayudar a “filtrar” el líquido intraocular (humor acuoso) en su flujo de salida del ojo, creando nuevas vías de desagüe del mismo.

¿Cuándo está indicado este tratamiento?

Normalmente se decide recurrir a la cirugía filtrante cuando el paciente ya no responde al tratamiento con colirios hipotensores o presenta intolerancia a los mismos.

Muchas veces se opta por la cirugía como tratamiento por encontrase la enfermedad glaucomatosa en una fase muy avanzada en la cual la cirugía puede ofrecer un control tensional más estable evitando picos hipertensivos (sin fluctuaciones).

Otro supuesto sería el de no poder aplicarse procedimientos con láser o no ser suficiente con estos.

¿Cómo se realiza?

Mediante la cirugía filtrante (trabeculectomía, o bien esclerectomía profunda no perforante), o bien a través de la implantación de dispositivos valvulares, se pretende favorecer el drenaje del humor acuoso y, por tanto, controlar la presión intraocular.

La técnica quirúrgica más comúnmente aplicada es la trabeculectomía. Se trata de una cirugía llamada filtrante, porque lo que intenta es crear un drenaje o fístula que permita la salida del líquido intraocular o humor acuoso sin obstáculos hacia el espacio subconjuntival.

Existe también otra técnica filtrante alternativa a la trabeculectomía llamada esclerectomía profunda no perforante.

Como diferencia más destacable entre ambas, es que en esta última no se hace una apertura completa de la fístula creada y, al no “abrir” del todo evitamos descompresiones bruscas; sin embargo suele requerir la apertura posterior mediante láser en alrededor de un 20–40% de los casos, que suele realizarse bajo anestesia tópica y ambulatoriamente. Además, para mantener el drenaje abierto se suele emplear un implante (o material estéril de diferentes composiciones).

Otra técnica quirúrgica para el abordaje del glaucoma serían los dispositivos de drenaje valvular, reservados para casos en los que se desaconsejan o no pueden aplicarse las anteriores técnicas. Todas ellas requieren realizarse en quirófano en condiciones de asepsia.

Cabe mencionar que en la mayoría de técnicas filtrantes para el tratamiento del glaucoma se emplean sustancias anticicatrizantes que intentan evitar la fibrosis y posterior cierre de la fístula creada. Las más empleadas son la Mitomicina-C y el 5-Fluoracilo

Resultados

El resultado deseado de estas técnicas quirúrgicas es el que consigue controlar la presión intraocular, estabilizándola durante las 24 horas del día y evitando fluctuaciones, contribuyendo así al control de la enfermedad glaucomatosa y evitando su avance.

Asimismo puede prescindirse del tratamiento con colirios hipotensores en un porcentaje mayoritario tras la cirugía aumentando la calidad de vida de los pacientes.

Llegar a conseguir estos resultados va a depender del tipo de glaucoma que padezca el paciente, del estado anatómico previo del globo ocular y de la técnica quirúrgica empleada. No todas las técnicas tienen el mismo nivel de eficacia, aunque como en la medicina en general, ninguna de ellas puede ofrecer una garantía del 100% de éxito.

Posibles riesgos

Cuando hablamos de cirugía de glaucoma, el principal riesgo asociado es el que implica la pérdida de eficacia a largo plazo. La cicatrización (el poder de cerrar heridas que tiene el cuerpo) es el principal enemigo de la cirugía filtrante. Es por ello que en la mayoría de técnicas se emplean sustancias anticicatrizantes para intentar revertir este potencial que tiene cualquier cuerpo sano.

Otros riesgos asociados a la cirugía de glaucoma son la hipotonía por filtración excesiva, la aparición de poros en la herida quirúrgica que requieran suturas complementarias o las hemorragias.

Los riesgos principales más importantes, pero a su vez, poco frecuentes son la infección y el sangrado profuso.

Profesionales que realizan este tratamiento

Preguntas frecuentes

  • Después de la cirugía el ojo suele estar rojo e inflamado durante unos días o semanas. Por ello durante un tiempo se deben usar colirios antiinflamatorios y antibióticos para evitar infecciones y contrarrestar dicha inflamación.

    Lo más frecuente es que a lo largo de las primeras semanas tras la intervención, la visión sea borrosa y se pueden notar molestias, asociadas a la fístula creada o a las suturas de la misma.

    Como en la mayoría de cirugías oculares, se debe dejar de practicar actividades físicas intensas durante las primeras semanas, aconsejándose vida muy tranquila sin esfuerzos para un mejor postoperatorio. El tiempo de baja laboral depende del trabajo que se lleve a cabo

  • El glaucoma es un conjunto de enfermedades, por lo que el tratamiento ha de ser individualizado según el tipo de glaucoma que padezca el paciente y el grado de evolución de la enfermedad.

  • El glaucoma es una enfermedad crónica que requiere revisiones continuadas y el buen cumplimiento del tratamiento es indispensable para un control eficaz de la enfermedad. Al ser una enfermedad asintomática en sus fases iniciales, el diagnóstico precoz es el mejor aliado para poder controlar su evolución.

    Los glaucomas primarios pueden tener una base genética, que puede o no manifestarse. Por ello se aconseja un control muy exhaustivo a los hijos de padres con glaucoma. Además, en aquellos pacientes con factores predisponentes se recomiendan revisiones oftalmológicas anuales.