¿Se pueden ensuciar las LIO dentro del ojo y causar visión borrosa?
18/02/2026
Mire fijamente el punto rojo en el centro de esta figura. Al cabo de un rato, el círculo azul se va “disolviendo” y es reemplazado por el color blanco del fondo. Este fenómeno de desvanecimiento o relleno visual revela otro aspecto de nuestra percepción.

Uno de los fenómenos más estudiados en percepción visual es la llamada reinificación, el proceso por el que nuestra percepción “crea” las imágenes no solo con la información que llega de los ojos, a menudo fragmentaria, completándola a partir de la memoria o de reglas de la “lógica” visual. Esto se pone de manifiesto mediante figuras “ilusorias” como el triángulo de Kanisza u otras en las que percibimos objetos que no están realmente delimitados, incluso tridimensionales o complejos, con la ayuda de solo unas pocas claves o indicaciones.
El relleno visual es uno de los mecanismos que completan las partes de un objeto que quedan ocultas y, por ejemplo, evitan que seamos conscientes de nuestra mancha ciega fisiológica —en la posición donde se encuentra la papila óptica— o bien de otros escotomas.
El desvanecimiento del anillo en la primera figura se conoce como efecto Troxler y es la base de ilusiones muy populares en internet como el “lilac chaser” (no podemos reproducirla aquí por ser una figura con movimiento, pero véase, p. ej. https://es.wikipedia.org/wiki/Perseguidor_del_lila).
Existen versiones estáticas como la siguiente, debida al profesor Kitaoka:
El desvanecimiento (o decoloración) Troxler es solo un ejemplo del relleno visual. Si miramos fijamente (mejor tapando un ojo) el punto central en el disco de arriba, también “desaparecerá” poco a poco toda la zona gris que los rodea, o bien es la propia mancha central la que lo hace (en el disco verde).

Este fenómeno se ha intentado explicar en un nivel fisiológico básico por adaptación o “cansancio” de las neuronas de la retina ante un estímulo constante e inmóvil, que por ello tiende a desaparecer. Pero esto no nos dice por qué es reemplazado por el color del fondo. Otras teorías aducen mecanismos que actuarían en la corteza cerebral, sea a un nivel bajo (relleno isomórfico) o bien superior (relleno simbólico), cuestión que sigue abierta a debate.

Hay en todo caso consenso en que el color aparente y luminosidad de una superficie dependen de la percepción de unos bordes. Estos actuarían, o bien como barreras a la “difusión” física del color, o bien servirían de referencias para una representación de rasgos orientados sobre la que solo después se le añadiría el elemento cromático como atributo del objeto. La falta de bordes definidos sería lo que permite el desvanecimiento y relleno por el color de fondo. Pero recordemos nuestra capacidad de crear bordes imaginarios como el triángulo de Kanisza, que a su vez producen la ilusión de una luminosidad diferente dentro del área que delimitan.
Profesor Rafael I. Barraquer, director médico del Centro de Oftalmología Barraquer