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¿En qué consiste el tratamiento?

La radioterapia externa consiste en la administración de rayos de alta energía procedentes de una fuente externa al organismo para concentrarlos de forma precisa y conseguir la destrucción y la cicatrización de lesiones tumorales.

Según el tipo de radiación administrada se diferencian tres tipos diferentes: la radioterapia con electrones, la radioterapia con protones acelerados (teleterapia) y la radioterapia con radiación gamma.

¿Cuáles son sus indicaciones?

En oftalmología la radioterapia externa se utiliza principalmente para el tratamiento de algunos tumores localizados en la órbita y también para tumores intraoculares radiosensibles como el melanoma uveal, los tumores vasculares de la retina y de la coroides y el retinoblastoma infantil.

¿Cómo se realiza?

En todos los casos es necesario un abordaje en equipo entre unidades de oftalmología y radioterapia oncológica especializadas. Los aparatos que emiten esta radiación son muy sofisticados y, tras un estudio topográfico minucioso de la lesión y un cálculo muy específico de la dosis a administrar se realizan varias sesiones o ciclos de radioterapia.

En todos los casos se utiliza una máscara personalizada para inmovilizar la cabeza y para evitar irradiar otras estructuras. 

Resultados

Los resultados no son inmediatos y es preciso esperar unos meses para determinar su efecto. Los controles los realiza el oftalmólogo y el radioterapeuta oncólogo con exploración física y con pruebas de imagen tipo ecografía y/o resonancia magnética.

Posibles riesgos

La radioterapia externa puede tener efectos secundarios en la superficie ocular con caída de las pestañas, conjuntivitis reactiva y síntomas de sequedad ocular que suelen aliviarse con tratamientos tópicos.

La irradiación de tumores próximos al nervio óptico conlleva el riesgo potencial de inducir una neuropatía por radiación y una pérdida progresiva de la visión a medio plazo.

Profesionales que realizan este tratamiento

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